Remates rurales - La ruta de los anticuarios

Luján, San Andrés de Giles, Lobos, Carlos Keen y Chascomús son algunos de los rincones bonaerenses en donde se puede comprar artículos de campo a un precio tres veces menor que en la ciudad. Turistas y coleccionistas buscan aljibes, muebles del s. XIX y jofainas.
Por Jorge Vaccaro

Perlitas. En la época de oro, se remataban mil artículos por día. Hoy, platería, muebles y cristales, lo más buscado.

 

Hay algo de descubrimiento personal en salir a la búsqueda de un mueble de campo, una antigüedad o un objeto que refleje nuestras costumbres. ¿Cuántos de los que encaran el Acceso Oeste para disfrutar un sábado o un domingo “estilo campo, pero acá nomás” no se tientan con detenerse antes de la entrada a General Rodríguez, en esos galpones donde se amontonan desde muebles hasta autos oxidados, para encontrar esa “ganga” que haga la diferencia del viaje? Y entre esas tentaciones se encuadran los remates de campo; para algunos una opción pintoresca, para otros una forma de vida. Gerardo Maldonado, experimentado martillero de la zona de Luján y alrededores comenta que los remates subsisten, pero a menor escala que hace dos décadas. Si bien continúa en el rubro realizando liquidaciones “al mejor postor”, recuerda con nostalgia aquellos remates de mil artículos por sábado en los que vio cómo mucho de lo que había llegado del exterior hasta mediados del siglo XX volvía al exterior hacia fines del siglo. “Los norteamericanos se llevaban desde muebles hasta carruajes o automóviles tipo Ford T.” Luego, con el boom de los countries, los que buscaban el detalle costumbrista pasaban por los remates comprando hasta aljibes, “que se vendían cortados prolijamente en cuatro gajos, como una naranja, ya que era la única forma de poder sacarlos”. Hoy la búsqueda se limita a los petit muebles, las obras en marfil o la porcelana. En esto coincide Santiago Levi, responsable de la legendaria casa Montepío, de Rivadavia y Cuenca. “Sigo recorriendo los remates en el campo, pero ya no se encuentra tanto como antes. Ahora se puede sacar un promedio de dos artículos en buenas condiciones por remate; el resto es mercadería que requiere mucha restauración. Por eso ahora voy más seguido a locales de la provincia que venden antigüedades.” Levi reconoce que el radio de búsqueda habitualmente no va más allá de los 100 o 200 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, para mantener una buena relación costo-beneficio. “Aunque he viajado a buscar muebles a Rosario, Córdoba, Mar del Plata. Actualmente prefiero ir a localidades como Chascomús, fuera del circuito de Areco y alrededores que ya tiene un flujo turístico muy importante”, advierte.

 

A pesar de que el mercado ha menguado, hay quienes siguen apostando a la tradición. Camino a la ciudad de Carlos Keen, en el partido de Luján, los Fusco organizan remates como los de antes. El primero y tercer domingos de cada mes salen a la venta cerca de 800 lotes al mejor postor. Con aire de cuadro de Molina Campos, en el predio a pleno campo se mezcla el bullicio del remate con el aroma de la cantina que lleva adelante la madre de la familia, quien además de atender la parrilla se enorgullece de ofrecer más de diez variedades de tortas, todas caseras. Hace cinco años que Domingo Fusco (h) tiene este negocio junto a su padre, y entre las ventas más importantes destaca la de un juego de dormitorio colonial de 1820. Reciben gente de la ciudad de Buenos Aires, pero también de Cañuelas, Pilar, Escobar. “Hemos tenido hasta 700 personas en el predio, la mayoría gente que viene a pasear y curiosear, claro, pero también anticuarios y coleccionistas.”

En Lobos, Guillermo Donatelli lleva veinte años en el rubro y es, según dice, “el último martillero ‘de martillo’ que queda” en la localidad. Su clientela es variada, y si bien las convocatorias son públicas, muchos de los contactos son vía e-mail. Ha vendido desde cristaleros de roble y mármol hasta antiguos frascos de vidrio con imágenes en relieve “que ni el dueño sabía el valor que tenían”. Su historial de venta es largo: cientos de jofainas (palangana y jarra), cristalería, porcelana, platería, “mucha mercadería de origen suizo, alemán e inglés del siglo XIX, que es lo que considero antiguo en serio. Lo del 1900 para acá es sólo viejo”, sentencia Donatelli. “Muchas veces uno baja el martillo y sabe que está regalando las cosas, pero es así.” Entre las rarezas que ha vendido figuran “un pequeño cuadro de Quinquela Martín, un sable con la firma de Perón grabada en la hoja y una máquina cosechadora a vapor que se la vendí a un coleccionista de la zona”. Él mismo se considera un coleccionista aficionado. “Tengo un libro alemán de 1872 lleno de grabados. Lo encontré adentro de un mueble de una estancia que iba a remate”.

San Andrés de Giles tiene entre sus atractivos una variedad gastronómica singular: el chancho asado con pelo. Una oportunidad para degustarlo es entre remate y remate de la casa que desde 1963 dirige Héctor Horacio Burgos. Todos los domingos, de 10 a 12 y “de 14 a terminar”, como gusta decir el titular, se llevan a remate desde antigüedades hasta herramientas. “Tenemos toda clase de compradores; por ejemplo, un matrimonio que viene todos los domingos de Capital o una arquitecta de San Isidro que el fin de semana pasado vino por primera vez al remate y se llevó dos puertas con vitreaux. Hasta tuvimos turistas franceses e italianos.” La mecánica del remate: sin base y al mejor postor, y el 10% de arancel para el rematador. Lo que no tiene precio es la sorpresa, como la del dueño de un cuchillo con empuñadura de plata y oro que temía no obtener lo que esperaba. “Le dije que tenía que salir sin base –cuenta Burgos–, que el sistema era así, que confiara. Y terminó sacando el doble”.

Fuente: Diario Perfil