Quién da más a la hora de comer

El establecimiento Fusco combina los remates de objetos de campo con exquisitas picadas y asado, entre otros platos caseros.

Sandra Lion
ESPECIAL PARA CLARIN.

 
Ver y participar de un remate y comer exquisitos platos de campo es la infrecuente propuesta del restaurante de campo Remates Fusco, en Luján. "A la una, a las dos y a las tres ¡vendido!", es la frase que más se escucha en la salida hacia Carlos Keen, a pasos de la ruta 7. Desde 2001, cuando surgió el emprendimiento como una salida a la crisis económica, los tres golpes del martillo representan la especialidad de la casa. En un galpón enorme, donde antiguamente funcionaba una planta de silos, se acomodan muebles antiguos, vajilla, adornos, aberturas, herramientas y maquinarias, que, uno por uno, se irán subastando.

El sencillo restaurante de Ada Fusco -la esposa del martillero- cuenta con veinte mesas en un quincho circular con capacidad para 70 comensales. Del techo cuelgan objetos antiguos -como radios Spika, botellas de vidrio y latas de galletas-, que hacen referencia al remate. Con porciones muy abundantes, la comida es muy rica y los postres caseros son imperdibles. Hay un menú a la carta y otro fijo, que incluye un picada de salamines, aceitunas, matambre y pan casero, empanadas de carne, una sabrosa tortilla de papa y cebolla, asado, ensalada y postre. Un buen consejo: guárdese lugar para el postre, entre los que se destacan la tarta de manzanas, peras al borgoña y naranjitas caramelizadas.

 

Un rincón para los chicos

 

Los chicos pueden pasar la tarde en el jardín con hamacas y una casita de madera, mientras los grandes se disputan los objetos para llevar a casa. Los Fusco acondicionaron el lugar pensando en la familia. Y se nota. Al ritmo del martillo, se mueve una gran cantidad de muebles, distribuidos alrededor de las gradas donde se acomoda el público. La gente asiente con la cabeza, levanta el dedo índice o pestañea de manera pausada, para dar a entender que está dispuesta a subir la oferta. Cualquiera puede participar, anotándose previamente.

Hace unos años, la familia decidió alquilar sus silos a un pool de siembra. Desde entonces, los remates se desarrollan el primer y tercer domingos del mes. Los lotes salen sin base -es decir, sin precio fijo- y el comprador resulta ser el mejor postor. Hay que tener en cuenta que sobre el precio alcanzado se suma un 12 por ciento. Es la comisión que se reserva para la casa. Al vender, retiene el mismo porcentaje.

"Los muebles más buscados, los que tienen más salida, dependen de la moda. En la actualidad son los de estilo americano, que hace unos años eran los últimos en venderse", explica Lola Fusco, la muy servicial hija de los propietarios. Domingo, su hermano, agrega que en la empresa familiar cada uno tiene un rol definido y se maneja con autonomía.